Un líder audaz y disruptivo
Por: Amiloy Thomncell
Soy del departamento más
septentrional de Colombia, La Guajira la tierra mágica y altiva de los
indígenas Wayúu.
Firmo mis escritos bajo el
seudónimo de Amiloy Thomncell. Escritora aficionada, porque disfruto con más
libertad y sin restricciones lo que escribo, soy nacida del deseo de
transformar vivencias cotidianas y emociones profundas en palabras que conecten
con los demás.
Docente de profesión, me desempeño
como coordinadora de Recursos Humanos y en la promoción y mediación de lectura,
escritura y oralidad en una fundación. Labores que me han permitido conocer
distintas realidades humanas que nutren mi sensibilidad narrativa.
Participar en esta convocatoria
sobre santandereanidad representa para mí una oportunidad de colaborar y
compartir mi voz literaria con otros y seguir creciendo en el camino de las
letras.
Un
líder audaz y disruptivo.
A comienzos de la década de
los ochenta un personaje con un talante impresionante, se erigió como disidente
de uno de los partidos más tradicionales del país. Un líder nato, disruptivo,
capaz de aglutinar y movilizar a millones de personas con su oratoria
persuasiva, mesurada y en ocasiones beligerante.
Surgió cuando el país parecía
estar diluyéndose en medio de la violencia entre el cruce de varios conflictos
como el narcotráfico con la disputa entre carteles, los grupos armados de la
guerrilla y el auge del paramilitarismo.
El estado se derruía incapaz
de regular la sociedad y de imponer su autoridad para salvaguardar la seguridad
de la nación.
Este acontecimiento político
muy importante que iba a ocurrir en ese lugar, iba a tener como protagonista a
este líder transformador que abría un nuevo horizonte a los ideales de
renovación y equidad que tanto hacía falta.
En ese entonces era una
estudiante de noveno grado de bachillerato y fui designada junto con otros
compañeros y otras personas la responsabilidad de recibir y darle la bienvenida
a un ciudadano ilustre que visitaría al municipio en su carrera por llegar a la
presidencia.
Recuerdo con Claridad ese día.
El amanecer se abrió indeciso como quien abre una puerta secreta lentamente,
con un tono gris que dejaba ver poco a poco la silueta y el color de los
árboles.
Los pájaros envueltos en el
frío de la madrugada volaban bajo las primeras luces del día. Era como un
rayito de luz que anunciaba que el día finalmente había despertado.
Me sentía particularmente
ansiosa y emocionada, me arreglé con mucho esmero, quería estar a tono con la
ocasión y no quería llegar tarde.
En la costa caribe el sol
brilla desde las primeras horas de la mañana y ese día prometía estar muy
caluroso. Las calles rectas, anchas estaban llenas de gente que caminaban
rápido de un lugar a otro y me hicieron aligerar el paso.
Con esa sensación vibrante que
solo se siente cuando una percibe que está a punto de conocer a alguien
distinto a alguien que inspira. Llegué al lugar donde el candidato estaría con
su comitiva.
El pueblo entero se había
volcado a las calles, el sol ardiente estaba en su punto más alto, caminábamos
junto a él en una larga marcha, se podía ver que las personas que no estaban
caminando se amontonaban frente a sus casas como si con ello le hicieran un
camino humano de aceptación.
Las voces se escuchaban cada
vez con más fuerza, gritando consignas como "Ayer Gaitán hoy Galán"
evocando al mayor Caudillo del siglo XX en Colombia y depositando en el
candidato que hoy caminaba por sus calles una esperanza renovada.
Cuando subió a la tarima pude
ver que era un hombre muy atractivo, con una presencia que se imponía sin
necesidad de esforzarse, brillaban sus ojos con una mezcla de determinación y
calidez, su sonrisa magnética iluminaba su rostro, su cabello era muy castaño,
ensortijado y abundante, no era corto como el de muchos políticos de la época
lo que le daba un aire fresco y cercano.
Ese día vestía una camisa roja
que contrastaba con un pantalón beige claro sencillo pero elegante, su figura
era imponente sin embargo no se veía distante.
Su discurso fue elocuente,
firme y profundamente esperanzador.
Una de las cosas que pidió al
llegar, era que el almuerzo al que fue invitado fuera en el mercado del pueblo
y eso más que cualquier palabra decía mucho de él, no eligió un lugar
exclusivo, quiso estar donde estaban todos sin distingo de clases, donde lo
pudieran ver, tocar, interpelar. Allí entre mesas sencillas rodeado de sus
simpatizantes se acercaba a escuchar sus inquietudes y las necesidades verdaderas
del pueblo y compartió con ellos un momento que se quedaría grabado en nuestras
memorias a través del tiempo.
En ese momento de encuentro
genuino tuvimos la oportunidad de hacerle varias preguntas. Aunque hoy no las
recuerdo con exactitud si guardo la esencia de ese diálogo y de esta manera lo
construyo y lo resignifico en estas páginas.
Una de las preguntas que le
hicimos era que si llegaba a la presidencia de la República. ¿Cuál sería según
su programa de gobierno, lo que haría para transformar a Colombia teniendo en
cuenta los problemas que tenía?
Nos miró con serenidad y
respondió no solo como si hablara con jóvenes sino con el futuro mismo. Expresó
que Colombia necesitaba recuperar la confianza perdida por sus dirigentes y por
sus instituciones, que en su gobierno trabajaría por la transparencia, por la
seguridad, lucharía contra el narcotráfico, por la educación y por la
descentralización del poder. Queriendo un país donde los jóvenes tengan
oportunidades reales y donde el estado esté al servicio de la gente.
Yo en mi timidez me atreví a
hacerle una pregunta más personal. Le pregunté que le gustaba leer, que si
tenía un autor o libro favorito.
Entonces sonrió con una
naturalidad que aún recuerdo, nos contó que no tenía favoritos, pero que le
gustaba leer sobre historia y que leer era una forma de prepararse para servir
mejor.
A todos les respondía con una
naturalidad y facilidad asombrosa, sin rodeos, con un lenguaje claro y
coloquial.
Aquel día no lo sabía, estuve
al lado de una figura que marcaría la historia de Colombia.
Ya han pasado muchos años de
aquel día y para mí sigue siendo y siempre será ese hombre de sonrisa luminosa
y voz firme que caminó entre la gente sembrando un mensaje de esperanza y
redención.
Estoy segura que todos los que
tuvimos la oportunidad de verlo y escuchar sus ideas, especialmente nosotros
los jóvenes, creíamos en su promesa de transformar la política, porque se
atrevía a denunciar las injusticias con rigor y valentía.
Sabíamos los que lo vimos partir, algunos desde la sombra de los árboles y otros desde la mitad de la calle, que él no era un político tradicional; era más bien un hombre convencido, cercano, honesto, sencillo, humano. Esa sencillez fue la que me marcó.
Todos comenzamos a movernos hacia lugares
distintos, pero nuestros pensamientos convergían en las ideas de ese hombre que
se acababa de marchar.
No quiero ensalzar, ni hacer
de él un Dios tutelar.
Solo quise escribir sobre
alguien que con sus ideas pudo llevar a Colombia por otro horizonte.
“A los hombres se les puede eliminar, pero a las ideas no".
(LCGS)
Amiloy Thomncell.
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