La Verdadera Fortaleza Reside en la Confianza
Por: David
Mercado A
Cuando
te deshaces del temor al rechazo y dejas de preocuparte por lo que otros
piensan acerca de la magnitud de tu vida en el marco de tu cosmovisión.
Si se
toma conciencia de separarse del entorno que lo rodea y someterse a la soledad,
dejando que el testigo que habita en uno mismo lo guíe, sin ir a ningún lado
para pasear su elefante blanco con el objetivo de ser admirado mientras recorre
su propia tienda de porcelana; cuando lo más saludable es confiar en esa
corazonada que siempre nos ha susurrado, para enfocarnos en las lecturas
ocultas y selladas en nuestro inconsciente, filtradas a través de las rendijas
de nuestra mente herida e inflamada por frustraciones que, según nuestro propio
criterio sobre lo ocurrido, arruinaron tu porvenir.
Con
frecuencia, las personas confunden la forma con el contenido. Sin embargo,
ahora y siempre, debes actuar de acuerdo con tu contenido, con el tesoro que
mantienes atado por la manera en que los demás y la sociedad te lo dictan para
ser parte del clan. ¿Cuál clan? La secta de la inmediatez y la materialidad por
encima de tu ser interior, a pesar de que el dinero y el bienestar ayudan a
vivir mejor cuando gobiernas tu mente, y no como los millonarios perversos que
se creen importantes por la riqueza que tienen, viven desconfiando de sí mismos
y atacando a otros. Porque los que más tienen y buscan atesorar más son los más
pobres en su interior, ya que se acogen al deseo engañoso de que todo lo que
son se lo deben al dinero, cuando fueron ellos quienes hicieron sus fortunas.
La invitación es: trabajar en el ser interior, para que, desde
el hacer, se reflejen la prosperidad y el éxito, no solo en beneficio propio,
sino también al servicio del prójimo. Así como Dios se lo enseñó a Abraham,
quien, desde la fe y la obediencia, estuvo dispuesto a ofrecer a su hijo
unigénito en sacrificio. Sin embargo, en el momento decisivo, el ángel le
indicó con firmeza el lugar donde se encontraba el carnero para la ofrenda.
Abraham comprendió entonces que
la verdadera fortaleza reside en la confianza plena en su identidad y en la
guía divina, viviendo con la certeza de quién era él y en quién había puesto su
fe.
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